¿Has sentido alguna vez
la fiebre de las tres a eme?
Era yo
mordiéndote los pies.
¿Y el sol de la tarde?
¿Las espinas coronando tu frente?
El vinagre que logró calmar tu sed.
Hay una mujer
clavada en tu paladar,
la carnada fue su corazón.
Yo cantaré en su oído
esta canción falaz
hasta hacerla caer en tentación.
Has sentido alguna vez
el ardor de la sangre cuando hierve:
en tu imaginación yo soy el rey.
Mi reino es de basura
de polvo, silencio y nieve
cualquier deseo aquí es una ley.
En tu noche oscura,
no es la luz lo que te mueve:
es el hambre y, sobre todo, es el terror.
Pero en las alturas todo
luce tan vulgar y tan breve:
ser eterno es la peor maldición.
Y aquella mujer
clavada en tu paladar:
mordiste su anzuelo corazón.
Yo cantaré en su oído
por toda la eternidad
hasta hacerla caer en tentación.
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